Tan solo queda menos de un mes para que comience la primavera. El frío invierno se puede volver muy monótono con sus bajas temperaturas y sus días largos. El 30 de marzo volverá el deseado horario de verano, sobre el cual el 70% de los españoles mostraron su preferencia. Y es que el frío puede volverse una barrera de gran tamaño para llevar a cabo el ejercicio. No obstante, este factor no es el único. Al menos así lo señalan los expertos.
La ciencia ya ha confirmado que, en efecto, engordamos más en estos meses de invierno. No solo eso, sino que además ha calculado dónde puede estar la media engordado entre noviembre y enero, y se trata de medio kilo. Y es que esto no es algo que resulte fácil de evitar. Son varios los factores que pueden llevarnos a caer en una mala dinámica que, finalmente, se vea reflejada en nuestro peso. Algo que no tiene por qué ser negativo, solo a tener en cuenta.
Los expertos han señalado los diferentes motivos que pueden determinar este fenómeno. Como el primero y el más conocido, las comidas de los festivos de Navidad. El azúcar y las calorías se vuelven protagonistas de las celebraciones afectando de lleno a nuestra nutrición. Una cuestión ante la que luego debemos acatar posibles consecuencias.
Más allá de eso, existen ciertas dinámicas que incluimos en nuestra rutina invernal que también pueden alterar nuestro metabolismo. El ejercicio en el exterior se vuele algo más complejo para algunos. Si se hace de manera diurna y con la ropa adecuada, no se tiene por qué enfrentar tanto al frío como se espera. Es importante saber que si frenas tu actividad física continuada, sumado a un mayor nivel de calorías y una mayor inactividad, pueden suponer una grave combinación para tu salud.
Además, existe una fluctuación hormonal a causa de los cambios estacionales. conocido con un trastorno afectivo estacional. Un factor clave son los cambios de estado de ánimo. En invierno algunos síntomas que se pueden identificar de estos cambios pueden ser la tristeza o la irritabilidad, que hace que se tenga menos energía para llevar a cabo tareas rutinarias. Además, puede afectar a nuestro apetito y a nuestra distancia para realizar ejercicio.
Lo bueno es que son factores que se pueden identificar y que, por tanto, se pueden eliminar con un cambio en nuestro día a día.
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