Se realizó en 2021, durante la segunda oleada de la pandemia de Covid-19, y en él participaron 500 personas. Entre ellas, las que practicaban más aficiones relacionadas con su infancia tenían un mayor optimismo.
Y es que la mayoría de las aficiones de la infancia tienen que ver con el juego y este a su vez establece nuevas conexiones y estimulaciones entre el sistema límbico, que es la parte que tiene que ver con las respuestas conductuales y emocionales y el tronco encefálico, lo que supone ‘alimento’ para el cerebro. Además de ayudar a distraer la mente cuándo es necesario en determinadas épocas de la vida.
Además, según explica la psicóloga, este tipo de actividades relacionadas con la infancia sirven y son útiles en cualquier etapa de la vida: «Tal vez sueñes con jugar un partido de kickball comunitario, organizar una noche de juegos de mesa, coleccionar baratijas o cantar canciones de karaoke«, explica. Y añade: «No importa lo que te llame, hay una razón por la que te sientes atraído por estas actividades infantiles. Y es posible que se sorprenda de los beneficios que la alegría aporta a su vida».
La experta señala también que es importante realizar actividades más allá de pantallas y dispositivos electrónicos, y añade que la confianza que adquiera la persona en sus pasatiempos puede extrapolarse a otras facetas de su vida. Y es que «participar en actividades prácticas como origami, hacer pulseras, hacer rompecabezas, jugar al pickleball, alfarería o hacer álbumes de recortes fomenta lo que los psicólogos llaman una sensación de eficacia: el disfrute que surge de practicar una habilidad y realizar una tarea«, explica.
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