El cocinero le confesaba a la presentadora que aunque le gustaría decirle que es feliz y enseñarle una cara más amable, este año le había machacado mucho y añadía: «Yo no necesito tres estrellas Michelin, porque con un carrito de ‘hot dogs’, haría los mejores ‘hot dogs’ del mundo y tan contento. No necesito el follón, ni que me aplaudan, pero lo hago por el equipo», explicaba.
El chef añadía además que era la única vez en su vida que la famosa guía le había descuadrado y explicaba que nunca ha bajado el ritmo ni la calidad en su cocina y que siempre ha defendido el trabajo de su equipo. A pesar de todo explica que algo así: «Incluso cuando no es positivo, tiene que servir para hacerte mejor».
Cruz también le ha contado a la diseñadora que Angle es un restaurante muy lineal, con el mismo equipo de siempre y que desde que consiguió la segunda estrella solo ha mejorado y nunca ha bajado el ritmo.
Y ha explicado cómo funciona el sistema de reconocimiento de la guía Michelin, que tiene cien años y un enorme prestigio, a la hora de conceder las estrellas, de las que ha dicho que no son un premio permanente, sino «una acreditación temporal que cada año se renueva«, aunque matizaba que no por eso deja de ser un premio y un premio que todos los cocineros quieren, de hecho él ganó la primera con 24 años: «Necesitamos esas pequeñas motivaciones porque este es un oficio muy duro», añadía.
Respecto al ‘valor’ de las estrellas, Jordi explicaba: «Una estrella indica que vale la pena desviarse. Dos, No solo vale la pena desviarse, si no que casi casi deberías ir y tres si vas a esta ciudad y no vas a este restaurante tienes que ir porque es visita obligada».
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