Según la Asociación Americana de Psicología el estrés crónico sin tratar puede provocar ansiedad, insomnio, fuertes dolores musculares y hasta un debilitamiento generalizado de nuestro sistema inmune provocando enfermedades cardiacas y dolencias en nuestro suelo pélvico. Varias investigaciones responden que los músculos del suelo pélvico tienden a contraerse cuándo padecen una situación que les genera estrés físico y/o mental.
“Es habitual que cuando nos sentimos tensas o nerviosas tendamos a apretar los músculos del glúteo. Aunque se trata de una respuesta normal, cuando se produce por estrés crónico, puede provocar todo tipo de trastornos en el suelo pélvico”, ha explicado la fisioterapeuta especializada en rama y colaboradora de INTIMINA, Rachel Gelman.
Esto puede desencadenar en situaciones muy variopintas como dolores a la hora de mantener relaciones sexuales, un provolapso en el suelo pélvico, dolor en las lumbares hasta disfunción o problemas de estreñimiento. Algo que seguramente no habías relacionado nunca hasta ahora.
De esta forma, pueden aparecer consecuencias diversas que van “desde dolor durante las relaciones sexuales, pasando por prolapso de órganos pélvicos o dolor lumbar o disfunción de la vejiga y llegando al estreñimiento”. Algo que quizás nunca hubiéramos relacionado.
Según recoge el diario El País, la directora Fisofit Mujer, Caroline Correia, aporta más luz sobre estas cuestiones explicando cómo funciona realmente nuestro sistema cuándo estamos estresadas. “Alteramos nuestro patrón postural y respiratorio, lo que conlleva a una alteración en la musculatura del diafragma”, ha añadido explicando que está queda muy tensionada conllevando a una mayor presión intraabdominal, que contrae de lleno los músculos del suelo pélvico.
Si este proceso se repite con frecuencia al final se formarán “puntos gatillos” o lo que es lo mismo, puntos de dolor, que se manifiestan de diversas formas, como ya hemos comentado anteriormente. Además, en el caso de las relaciones sexuales, el dolor puede convertirse en un círculo tóxico. Un estudio de la Universidad de Örebro (Suecia) revela que un 20% de las mujeres menores de 30 años ha experimentado un dolor frecuente. Algo que en muchas ocasiones puede derivar en miedos y situaciones evitativas para no tener relaciones sexuales llegando a caer en depresión o ansiedad.
Si experimentas dolor a la hora de mantener relaciones sexuales lo primero que tienes que tratar de averiguar es saber si estás sufriendo una situación de estrés o algún problema, que te esté impidiendo relajarte y disfrutar. Sí, sabemos que no es fácil de conseguir. Por lo que esto ayudaría a descartar el resto de opciones.
Aunque al tratarse de una parte tan sensible como el suelo pélvico, también sería interesante descartar que fuese por algo físico: una infección, una operación, un quiste… Si aparentemente no encontramos ninguna causa y somos conscientes de que estamos viviendo una situación de estrés, entonces toca ponerse manos a la obra y trabajar en uno mismo, una tarea a la que casi nunca le damos prioridad. Hacer actividades que te gusten o te motiven te ayudarán a bajar ese ritmo y a poder estar más tranquila.
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