Ante todo, presenta calma y firmeza porque los adolescentes son tan impulsivos y enérgicos que pueden llevarte a actuar con la misma impulsividad y que digas esas cosas tan feas que realmente no piensas ni sientes.
Así que la mejor manera para sobrellevar los comportamientos complicados de tu hijo es que ambos progenitores os pongáis de acuerdo para que el joven vea que existe una unión coherente y fuerte que le haga más complicado llevaros la contraria en todo.
Respira hondo y ten paciencia porque se trata de una fase temporal en la que tu pequeño deja de ser un niño para ir convirtiéndose en un adulto, mientras pasa este proceso se vuelve más desafiante, rebelde y hasta un poco más agresivo. Pero debes tener presente que esta etapa es necesaria para que en el futuro pueda valerse por sí solo, así que compréndelo cuando parezca que te reta con sus actitudes porque en el fondo, su personalidad está en proceso y todavía no la tiene muy definida.
Es normal que cuando surjan estos comportamientos críticos sientas ganas de estallar, pero el truco está en ser verdaderamente objetivo, es decir, antes de entablar una discusión con tu hijo cuenta hasta diez o deja que pase un rato para que puedas replantearte la situación y decirle lo más adecuado en frío.